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Mujeres: fragmentos de vida.

  • 7 mar 2021
  • 1 min de lectura

Actualizado: 13 dic 2022

En una desolada y aún deshabitada zona del departamento Central, a unos minutos de la capital, se mudaba con su familia, huyendo del desempleo y la miseria del campo.

Ella, dotada de grandes virtudes humanas y divinas, con grandes esfuerzos, más allá de sus propias fuerzas, lograba hacer frente a todo tipo de adversidades para criar a sus tres hijos.

Aunque la fortaleza y el dinamismo se reflejaba en su rostro, era tan vulnerable al dolor y a la soledad. La vida no le había otorgado un compañero de lucha, sí un compañero para engendrar hijos, sólo para eso.

De día era trabajar y de noche, el sueño actuaba de analgésico y tranquilizaba los ánimos. El amanecer era también el despertar de una esperanza, pero con los años, así como disminuían las fuerzas, también el porvenir; el compañero nunca lo fue, los hijos, siguieron siendo el motivo de luchar hasta que las fuerzas disminuyan.


Cada día era un reto, sobrevivir …


María Osanna Ramírez Verón.


 
 
 

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